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La Iglesia

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Historia

El vino ha estado ligado, desde siempre, a la historia de este edificio. También la historia de Javier Sanz tiene un vínculo especial con él y ese es el vino. En la iglesia de la Orden Tercera de San Francisco de La Seca, su localidad natal, fue donde el viticultor tomó su Primera Comunión. Aquí también recuerda sus días como monaguillo o las sesiones de cine municipal en la sacristía de la iglesia.

El vino unió para siempre la vida de Javier Sanz a la de esta iglesia construida en el siglo XVIII. Y ahora que el vino es su vida, pone toda ella a disposición de la antigua sede de San Francisco de la Orden Tercera, que los hermanos franciscanos comenzaron a construir en 1728 ya que recibían trabas para disponer de una capilla y altar en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Por ello, decidieron construir su propia capilla justo detrás de la iglesia principal de la localidad.

Durante siglos, la capilla de la Orden Tercera, cuyas obras de construcción se dilataron durante 60 años y se sufragaron con el dinero aportado por los propios hermanos, fue el epicentro de la vida de los franciscanos. También muchos lasecanos pasaron a formar parte de la Orden Tercera de Nuestro Padre San Francisco de Asís, tomando su hábito.

El edificio, que cumplió 300 años el Día de Reyes de 2017, fue desacralizado en los años 70 y durante décadas, la desidia y el olvido de los lasecanos hizo que fuese degradándose poco a poco hasta acabar en ruinas.

Cuando el viticultor y bodeguero Javier Sanz decidió hacerse cargo de la Orden Tercera, toda su cubierta había vencido, las bóvedas se habían caído y algunas paredes se habían desprendido del cuerpo principal debido a las grietas. En esta situación, la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción la sacó a subasta en 2012, y la posibilidad de que concurriese una constructora que la derribase para edificar viviendas animó a Javier a dar el paso de pujar por la iglesia para hacerla renacer de cara a una nueva vida ligada a otro tipo de eventos sociales distintos a los originales, pero con la misma esencia: ser centro de reunión y de nuevas uniones, lugar familiar y de evolución vital, pero siempre con el vino como el hilo conductor.

El viticultor asegura que “fue un tema sentimental” porque “temía que la demolieran”. Y, desde que logró salvarla de una desaparición casi segura, fiel a su filosofía y valores, Javier Sanz se marcó el propósito de conservar y mantener el origen y la esencia de la Orden Tercera, pero de una manera renovada y adaptada a la época actual.

Así, la iglesia conserva todo lo que era susceptible de ser salvado: su estructura original, los arranques de las bóvedas, un arco (que ya no cumple su función de sujetar, pero sí decorativa) o la balaustrada del coro. Además, la puerta principal de acceso es una réplica exacta de la que en su día recibió a los primeros franciscanos y, durante cientos de años, fue la entrada de los lasecanos; a la que se le han colocado los herrajes originales de la primera puerta.

Se ha llevado a cabo la construcción de una nueva techumbre, la limpieza de la fachada, la reparación de paredes, la disposición de cristaleras en las ventanas, la instalación de sistemas de iluminación y climatización y la renovación del pavimento.

Como añadidos para darle valor, además, se han colocado dos campanas adquiridas en Tolosa y una doble altura donde se encontraba la sacristía con una balconada acristalada hacia el exterior, proyectada como como centro de reuniones o celebraciones.

Después de haber sido casi un amasijo de escombros y como decía Ángel Suárez en el libro Historia de la villa de La Seca, “todos los esfuerzos y sacrificios de nuestros antepasados no hemos sabido valorarlos y hemos sido incapaces de mantener en pie este magnífico edificio que nos legaron”, ahora el conjunto resultante final es un espacio diáfano de más de 600 m² creado y reinventado con todo el mimo por parte de Javier Sanz y su familia para ser el epicentro de las celebraciones y eventos más importantes para sus protagonistas.

Esta iglesia, que fue concebida y nació como un lugar de encuentro y celebración para los franciscanos, que fue el lugar de comunión y nexo del viticultor Javier Sanz con el vino -aunque sus antepasados ya apostaron por la viticultura como forma de vida hace más de 150 años-, ahora resucita y renace con una nueva vida y misión: hacer realidad tu sueño o idea en tu día más especial. La iglesia Orden Tercera sigue siendo hoy en día el epicentro del encuentro con tu familia y con quienes más te importan.

Un espacio único

Haz de tu evento un momento inolvidable